El trasfondo es una reversión completa de la geografía del riesgo marítimo. En 2024, los ataques de los hutíes en el sur del Mar Rojo empujaron a navieras globales a rodear el Cabo de Buena Esperanza, derrumbando los ingresos del canal desde un pico de USD 10.2 mil millones anuales en 2023. En 2026, el conflicto con Irán cerró de facto el Estrecho de Ormuz para parte del tráfico de hidrocarburos del Golfo Pérsico, y las exportaciones de Arabia Saudita y otros productores se redirigieron hacia el Mar Rojo y Suez. Simultáneamente, navieras europeas comenzaron a retomar el corredor después del repliegue hutí.

La Autoridad del Canal de Suez proyecta para 2026 ingresos totales de entre USD 5,800 millones y USD 6,000 millones, frente a USD 4,100 millones en 2025, según declaraciones de su director Osama Rabie. El dato curioso radica en la escala: con 1,340 tránsitos en julio, el canal opera aún por debajo de 60% de su pico histórico de aproximadamente 2,300 buques mensuales en 2023, lo que indica que la recuperación tiene margen adicional si la situación geopolítica se estabiliza.