El ataque comprometió directamente plataformas de seguimiento de carga, sistemas de programación de terminales y nodos de datos internos. Los operadores de terminales marítimas afectadas quedaron bloqueados de sus sistemas operativos automatizados y tuvieron que recurrir a portapapeles manuales, comunicaciones telefónicas y manifiestos en papel para mover contenedores. El resultado: una acumulación de contenedores valorada en US$380 millones en toda América, según el reporte de Zamak Technologies.

El episodio pone en evidencia el punto ciego de la hiperdigitalización portuaria: la dependencia de proveedores de software compartidos como vector de ataque simultáneo a múltiples terminales. En los años recientes, los puertos de EE.UU. han invertido miles de millones de dólares en automatización y conectividad digital —el mismo factor que amplificó el impacto del ataque. El sector portuario no tiene un estándar obligatorio de continuidad de operaciones analógica equivalente a los que existen en la aviación o la banca.