El argumento económico detrás del Gigamax es la dilución del costo de combustible y de las tarifas de emisiones del EU ETS por unidad transportada: a mayor capacidad por buque, menor el costo y la huella de carbono por contenedor. La presión regulatoria del EU ETS marítimo —que desde enero de 2026 cubre el 100% de las emisiones en rutas intra-Unión Europea y el 50% de las rutas exteriores— acelera la búsqueda de economías de escala. Sin embargo, no todos los puertos de escala pueden recibir estos buques: los Gigamax requerirán profundidades de calado de al menos 16 metros, grúas de mayor alcance y muelles de mayor resistencia.

Para los puertos mexicanos del Pacífico, la proyección de Alphaliner tiene consecuencias prácticas: Manzanillo opera actualmente con un calado máximo de alrededor de 16 metros y grúas que alcanzan buques de 20 filas de contenedores de ancho. Un buque de 61 metros de manga equivale a 23 o 24 filas de contenedores, lo que demandaría grúas de mayor alcance y ampliación de los frentes de atraque. Lázaro Cárdenas, con proyectos de expansión en curso, tiene mayor margen de adaptación futura. El dato ilustra por qué el dragado y la inversión en infraestructura portuaria son decisiones de largo plazo que deben anticipar la generación de buques que llegará en 2030.