Los mayores productores de plátano —India con aproximadamente 37 millones de toneladas y China con cerca de 12 millones— consumen casi toda su cosecha en el mercado interno, ya que las variedades locales no son aptas para el transporte de larga distancia y la demanda doméstica es inmensa. El comercio internacional es, por tanto, el negocio de un grupo reducido de países exportadores que han construido infraestructura portuaria, cuartos de maduración y cadenas de frío especializadas. El precio mínimo de sustento de referencia para 2026 es de 7.50 dólares por caja de 43 libras (19.5 kg), 25 centavos más que en 2025; sumando el precio FOB de referencia de 2.25 dólares, la caja sale del puerto de Guayaquil a 9.75 dólares, equivalente a apenas 0.50 dólares por kilogramo. En un anaquel europeo, ese mismo kilogramo se vende entre 1.20 y 2 euros.

La cadena de valor del plátano esconde una arista crítica de comercio exterior: los contenedores refrigerados bananeros —numerosos, de temperatura controlada y raramente inspeccionados en su totalidad— se han convertido en el principal vector de tráfico de cocaína con destino a los puertos de Amberes y Róterdam. Ecuador, el mayor exportador mundial, se ubica geográficamente entre los campos cocaleros de Colombia y Perú, lo que ha convertido al comercio bananero en un canal de contrabando de alto volumen que obliga a aduanas europeas y latinoamericanas a reforzar los controles de escáner y cadena de custodia en los embarques de esta fruta.