El aumento refleja la aceleración de la inversión global en centros de datos y en la cadena de suministro de chips necesaria para el desarrollo de sistemas de IA a escala empresarial y gubernamental. Para las aduanas estadounidenses, el fenómeno se traduce en un volumen creciente de declaraciones de entrada para mercancías de alto valor con clasificaciones arancelarias sensibles: semiconductores, unidades de procesamiento gráfico (GPU) y memorias de alta capacidad, categorías sujetas a controles de exportación y regulaciones de origen en el marco de la Ley CHIPS y otras disposiciones vigentes.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) había proyectado que el comercio de bienes relacionados con IA sería el principal factor de crecimiento en el mediano plazo, aun cuando el panorama general de 2026 se desaceleraría por aranceles y enfriamiento global. Los datos del primer semestre confirman que esa dinámica opera con más fuerza de la esperada: los importadores de tecnología para IA enfrentan un entorno regulatorio denso —controles de origen, reglas de contenido nacional, listas de entidades restringidas— justo cuando los volúmenes exigen mayor velocidad de despacho.