La primera fase contempla 20 salas de datos y alrededor de 300 megavatios de demanda eléctrica, con operaciones iniciales proyectadas para el tercer trimestre de 2027 y expansión gradual hasta casi un gigavatio hacia 2029. La energía proviene de un contrato de compra de energía renovable a 20 años por US$2,000 millones firmado en mayo de 2026 con la desarrolladora eólica brasileña Casa dos Ventos, que alimentará el campus con los complejos eólicos Ibiapaba y Dom Inocêncio en el estado de Piauí. La obra, que al momento del reportaje ya mostraba hileras de columnas de 18 pies de altura, está siendo ejecutada por Omnia, plataforma de infraestructura digital de Pátria Investments, que también tiene participación accionaria en los activos eólicos del contrato de energía.

La elección de Pecém no es casual: el complejo portuario ofrece acceso directo a 18 cables submarinos internacionales que convergen cerca de Fortaleza y condiciones de viento entre las más productivas del planeta en los estados de Ceará y Piauí. El proyecto posiciona a los puertos —y no solo a los corredores urbanos— como infraestructura estratégica para anclar proyectos de inteligencia artificial a escala gigante. Para México, el caso de Pecém abre la pregunta sobre qué puertos del Golfo de México o del Pacífico Sur —Coatzacoalcos, Tuxpan, Salina Cruz— reúnen condiciones similares de acceso a cables submarinos, energía renovable y zona franca para competir por proyectos equivalentes en la próxima ronda de inversión en infraestructura de IA de América Latina.