El esquema cubre buques de pasajeros, carga y trabajo que operan principalmente en el segmento de transporte marítimo de corta distancia (short-sea shipping), concentrado en el corredor Amsterdam-Róterdam-Amberes, uno de los nodos de mayor actividad para la carga mexicana con destino a Europa. La Comisión señaló que el objetivo es ayudar a las empresas a superar los altos costos iniciales de las tecnologías limpias, que siguen siendo una barrera central para su adopción: al 24 de julio de 2026, el metanol bajo en carbono cotizaba en US$1,263.62 por tonelada métrica (US$58.80 por gigajulio), frente a US$27.90 por gigajulio del gasóleo marino de bajo azufre al 0.1%, una brecha de precio de más del doble que hace inviable la transición sin subsidio.

El esquema responde directamente a la doble presión regulatoria del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE (EU ETS, por sus siglas en inglés) —cuya cobertura marítima se expandió entre 2024 y 2026— y las reglas FuelEU Maritime, que establecen requisitos de intensidad de gases de efecto invernadero para combustibles marinos con intervalos de cinco años hasta 2050. Para exportadores mexicanos que embarcan hacia puertos europeos —Róterdam, Amberes-Brujas, Génova— en rutas que utilizan alimentadores de corta distancia para la distribución final, el modelo holandés puede traducirse en recargos por combustible verde en los tramos de última milla europeos a partir de 2027.