El proyecto no busca poner en servicio un buque nuclear en el corto plazo: se centra en un buque conceptual de propulsión nuclear para evaluar los requerimientos de acceso portuario, seguridad, salvaguardias nucleares, resiliencia cibernética, respuesta de emergencia, regímenes de seguros y alineación entre la regulación marítima y la nuclear. La primera fase identificará las brechas y el trabajo futuro necesario; sus resultados podrían derivar en una segunda fase de ingeniería y regulación más detallada. La iniciativa se enmarca en el Acuerdo de Prosperidad Tecnológica entre EE.UU. y el Reino Unido, que incluye compromisos para examinar aplicaciones civiles de energía nuclear en el transporte marítimo.

El proyecto Pink Corridor da seguimiento a un estudio conjunto de LR, Core Power, Maersk y el Puerto de Róterdam —concluido en 2025— que determinó que las principales barreras para las escalas portuarias nucleares no son técnicas, sino de alineación regulatoria, gobernanza, gestión de riesgos y aceptación pública. Nick Gross, director global del segmento de portacontenedores de Lloyd's Register, describió el programa como 'un paso importante para la aplicación de la tecnología nuclear en el transporte marítimo mercante'. La participación de Maersk —primera naviera en cuanto a empeño declarado de descarbonización— y de dos puertos de alto tráfico da a esta iniciativa una dimensión comercial que trasciende el debate académico sobre propulsión nuclear.