La medida aplica a buques de 5,000 GT o más que operen en terminales del Reino Unido, como Felixstowe, Southampton, Liverpool, Tilbury, Immingham o Aberdeen, y que también mantengan operaciones en puertos de la Unión Europea o del Espacio Económico Europeo.

Aunque las mismas emisiones no se contabilizan dos veces en términos de toneladas de dióxido de carbono equivalente, la carga administrativa sí se duplica. Los armadores deben cumplir con sistemas separados de monitoreo, reporte y verificación, además de entregar permisos de emisión ante las autoridades británicas y europeas, según corresponda.

El nuevo escenario se suma al EU ETS marítimo, que ya exige a las navieras entregar permisos para cubrir el 70% de las emisiones de 2025 antes del 30 de septiembre de 2026, con una transición hacia el 100% en adelante. Además, desde enero de 2026, el sistema europeo amplió su cobertura para incluir metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), además del CO₂.

A esta presión regulatoria se añade el reglamento FuelEU Maritime, que se encuentra en su primer año de aplicación plena. Desde el 30 de junio de 2026, las autoridades europeas verifican en puerto la vigencia del Documento de Cumplimiento correspondiente, lo que incrementa los requisitos operativos para buques que ingresan al mercado europeo.

El impacto también comienza a reflejarse en los costos. Algunas navieras ya han ajustado sus recargos de carbono, y en rutas México-Europa con escalas en Reino Unido el costo adicional puede ubicarse entre 25 y 50 dólares por TEU, dependiendo del tipo de buque, la distancia recorrida y el precio de los permisos de carbono en los mercados UK ETS y EU ETS.

En paralelo, países con fuerte presencia naviera, como Grecia, han comenzado a diseñar mecanismos para canalizar ingresos vinculados a la regulación ambiental hacia fondos verdes, infraestructura portuaria y combustibles marítimos renovables o de bajo carbono.

Para exportadores mexicanos con operaciones hacia Europa, especialmente en sectores como autopartes, agroalimentos, bebidas y manufactura avanzada, los recargos de carbono ya no deben verse como un costo temporal, sino como una variable permanente dentro de la estructura logística y de precios.

La doble obligación entre UK ETS y EU ETS confirma que la descarbonización marítima no solo transformará la operación de las navieras, también impactará directamente a quienes exportan, importan y cotizan mercancías en rutas internacionales cada vez más reguladas.